Hora de comer.

Hola, soy Vera, una gata carey.

Cuando oscurece, se hace nuestra hora de cenar. La humana nos pone una bandeja para que no nos tengamos que agachar. Esa es una idea del Hada Madrina de los Gatos y funcionó muy bien: las croquetas nos caen mejor.

Cuando la humana saca la bandeja de la alacena, nosotras ya sabemos que se acerca la hora de comer y la seguimos a cada paso.

Ella pone la bandeja en el piso, busca nuestros platitos en la cocina y divide la comida en tres partes iguales: un plato para Gina, otro para Chuela Chela Valentina y otro para mí.

Agarra los tres platos mientras vamos tras ella, nos cruzamos entre sus piernas y maullamos para que sepa que tenemos hambre. Chuelita va saltando.

Ni bien pone los platos, cada una se ubica en su lugar y solo se escucha: crach, crach, mientras masticamos las croquetas.

Una vez a la semana comemos sobrecito, o pollo, o hígado. No a todos los gatos les gusta el pollo o el hígado. Cuando comemos eso, solo se escucha cómo nuestra lengua pasa por el plato.

Mientras comemos, la humana sonríe mirándonos.

Después de comer, cada una se va a un lugar tranquilo y nos acicalamos; es decir, nos limpiamos las patitas, la cara y tomamos un poco de agua.

Yo me subo a una silla que tiene un almohadón súper cómodo, con funda rosa, y está lleno de mis pelos.
Gina se mete abajo del sillón: a ella le gusta jugar al fantasma del sillón.
Y Chuela Chela Valentina amasa la cama de peluche azul.

La humana se sirve su cena, después se lava los dientes…
y todas nos vamos a dormir.

Mañana es otro día.


 

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