La humana según Chuela Chela Valentina.

 

Hola, soy Chuelita, una gatita carey. Me gusta decir así: soy la más pequeña de la casa, aunque ahora soy más alta que Vera y Gina. Eso es porque a mí me gusta comer todo, todo lo que hace la humana.

Cuando llegué a la casa de la humana, ella había preparado todo para mi llegada: una bandeja con piedritas, un platito igual al de Vera y Gina, un rascador que compartía con Gina; ahora tenemos cada una un rascador.

Al principio me escondía debajo del sillón, sí, ese es nuestro escondite preferido y con los huecos que hemos hecho es un laberinto; debajo de la cama, y sí, me daba miedo ver a Vera tan grande. Yo no sabía cómo me veía ella, sólo sabía que era una extraña.

La humana siempre estaba cuidándome, veía dónde me había metido y se quedaba tranquila. Guardó todas las cajas fuera de nuestro alcance porque un día, jugando, la caja se dio vuelta y quedé atrapada, y entre la humana y Gina me sacaron de ahí. Miren si eso pasaba cuando ella no estaba.

Ahora que soy más grandecita, cuando llega la noche yo digo:
—¡Gue, gue!— Entonces la humana sabe que estoy reclamando mis mimos en el lomo. Apoyo mi cabeza en el suelo, ella me acaricia el lomo y dice:
—¿Qué pasa, pequeña? ¿Pequeñita quiere mimitos?—

Es mi momento con ella, me quedo un rato largo y después de eso juego un ratito y me voy a su cama.

Cuando la humana está en su cama, yo me estiro, apoyo mi cabeza en sus pies y me quedo profundamente dormida.

Por las mañanas, si ella se cocina unos huevos revueltos, me reserva un poco para mí y me encanta; Vera y Gina no lo comen porque no les gusta.

Ya estoy grande. Otro día les voy a mostrar una foto de cuando era chiquitita. Ahora soy más grande, pero soy muy feliz cuando la humana me dice:
—¿Qué hace la pequeña de la casa?—

En ese instante me refriego por sus piernas levantando mi cola bien alto.




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