Picuchinas, Picuchinas.
Hola, soy Vera, una gata carey.
“Picuchinas, picuchinas”, así nos dice la humana. Cuando yo vivía sola con ella, antes de que llegaran Gina y Chuela Chela Valentina, me decía “Picuchina” y me cantaba una canción que decía así:
Picuchina, china china,
Picuchina, china china,
tan bonita, Picuchina.
Ahora la canción es así:
Picuchinas, chinas chinas,
tan bonitas, picuchinas,
está Gina tan traviesa
y la Chueli pequeñita.
Picuchinas, chinas chinas,
tan bonitas y la Vera Veruchina.
Después de cantar, se ríe y dice:
—Ay, mis picuchinas…
Y sigue: a la osita traviesa Gina y le hace unas caricias; a Veruchi, tan tierna, le acaricia la cabeza y las orejas, un mimo que se copió de Isis; y termina diciendo: “Chuelita pequeñita”, mientras la Chueli levanta su colita para que le haga mimos en el lomo.
Eso pasa cuando ella llega a casa, cuando estamos haciendo fiaca o mientras se baña y nosotras la esperamos.
También nos canta así cuando vuelve después de varios días sin vernos. Y lo canta aunque llegue y encuentre los almohadones, los cuadros y la manta del sillón tirados por nuestras corridas.
Una vez vino un humano del edificio a ver si estábamos bien. Se asustó porque pensó que alguien había revuelto el departamento, hasta que se dio cuenta de que habíamos sido nosotras.
Otra cosa que hacemos es correr carreras y saltar hasta una silla de oficina con ruedas. Entonces la silla queda corrida de lugar… pero no es ningún humano el que hace todo eso.
Somos nosotras:
y nuestra humana que nos canta.



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