Vladimir, un gato naranja.

 

Hola, soy Vladimir, un gato naranja. Vivo en la ciudad de Santa Fe con una humana que me deja dormir en su cama.

Yo me estiro, hago fiaca y, cuando me canso de hacer fiaca, me voy al sillón a seguir haciendo fiaca. Pero no todo el día.

Por las mañanas, tipo siete —bastante tarde para un gato— despierto a la humana para que me abra la puerta o la ventana. Salgo a dar una vuelta por la cornisa y después paseo por otras casas del barrio.

Vivimos en la planta alta. Hace mucho tiempo yo vivía con otra humana, una vecina. Cuando me demoraba en volver, ella me gritaba:
—¡Vladimir!
Todos los vecinos escuchaban, pero yo volvía cuando quería.

Ella se enfermó y se fue al cielo. Entonces me adoptó la humana con la que vivo ahora. Yo ya la conocía, porque cuando salía a pasear por el barrio la pasaba a visitar. Y sí, ella me dio un hogar cuando ya no tenía el mío.

Me lleva al veterinario, me da croquetas y me hace caricias. A mí me gusta sentarme arriba de ella cuando mira una película o una serie, y a veces la amaso con mis patitas naranjas.

Cuando ella viaja, quedo al cuidado de su humano padre y de su humana madre.
El humano padre me da pollo picado o carne asada, y es muy rica. A veces se ríe tan fuerte que yo salto del susto.

La madre de la humana que vive conmigo me deja dormir con ella, sobre todo cuando hace frío. Yo me acurruco a sus pies.

Eso sí, cuando mi humana vuelve de viaje, subo rápido, le maúllo para contarle cuánto la extrañé. Creo que me entiende.

Después me acuesto adentro de su valija para ver si trajo algo nuevo. Yo también tengo lista mi valija, pero todavía no tengo pasaporte.

Me subo arriba de su remera negra para dejarle mis pelos naranjas.

Cuando no me encuentra, también dice:
—Vladimir, Vladimir.
Pero yo estoy comiendo con el humano padre.

Me gustaría que Vera, Gina y Chuela Chela Valentina vengan a visitarme. Caminaríamos por los techos. Por la cornisa no, porque ellas no están acostumbradas a bordes tan finitos como yo.

Y si no vienen, me voy a meter adentro de la valija de la humana y aparezco allá. Vera me contó que vive cerca del Obelisco.

Ahora me voy a dar una vuelta antes de que la humana cierre la puerta y todos los vecinos escuchen cuando me llama.


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