Chuela parece un sapo.
Hola, soy Vera, una gata carey.
Cuando llega la noche, la casa está calentita y la luz de la habitación se pone de un color rosa anaranjado. Yo estoy acomodada arriba de la humana, Gina duerme a los pies y Chuela… Chuelita… ¡Ay, Chuelita!
Cuando empezamos a dormir, Chuelita empieza a saltar: de la cómoda a la cama, de la cama a la mesa de luz. Mientras va de un lado a otro, a veces cae arriba de Gina y otras veces arriba mío.
Yo no sé si Chuelita es pariente de un oso hormiguero o de un sapo, porque le encanta perseguir bichitos.
Esta noche andaba detrás de un mosquito. Sí, un mosquito… ¡con el frío que hace!
Y claro, Chuelita se desespera porque el mosquito vuela alto, se queda quieto en la pared y ella no lo puede alcanzar.
Hizo un lío terrible. Se fue hasta el baño y se escuchaba cómo se caían frascos. Por suerte, ninguno se rompió.
El mosquito se escapó.
Es verdad que Chuelita parece un sapo, porque va detrás de todos los bichitos que vuelan. Pero el otro día se confundió y creyó que las manijas redondas de las puertas del ropero eran bichitos… y les maullaba.
Por suerte se cansó y vino a dormir con nosotras. La humana apagó todas las luces y soñamos, cada una con sus propios deseos.



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