La escalera.

 

Hola, soy Vera, una gata carey.

Hoy la humana limpió debajo de la heladera. Había muchos pelos nuestros, dos broches y un embudo amarillo. ¿Un embudo? Seguro lo escondimos nosotras, es que nos gusta empujar esas cosas con nuestras patas.

También encontramos una escalera —por suerte no estaba debajo de la heladera—, la humana la sacó para limpiar.

Es una escalera de madera. A mí me gusta afilar mis uñas en los escalones y trepar hasta la parte más alta, así puedo ver partes de la cocina que no suelo ver cuando camino por el piso.

Estuve disfrutando un largo rato; la escalera era para mí sola.

Después de un rato vino Gina. Ella no conocía la escalera. Por supuesto, las dos queríamos estar en la parte de arriba, pero no entrábamos, así que empezamos nuestra lucha de patitas… o juego de patitas.

Entonces subimos y bajamos, un rato cada una, sin pelearnos.

Luego de que la humana limpiara y ordenara, la escalera volvió a su lugar, pero la humana encontró un juego nuevo para nosotras.

Arma una pelota con papel de servilleta, la humedece hasta que queda blandita y la tira sobre el azulejo. Se queda pegada y nosotras saltamos para alcanzarla. Estuvimos horas jugando.

Como dice Tita, la gata calicó, nuestro mundo es pequeño, simple y enorme a la vez.

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