Las mil maneras que me dicen Gina.

Hola, soy Gina, una gata carey. Me gusta el nombre Gina, me lo aprendí rápido porque cuando llegué a la casa de la humana, me decía:
—Hola, Gina—.

Con el pasar de los días fui tomando confianza. Comencé a correr por toda la casa, tirar los almohadones, escarbar en las macetas y tirarle algunas patitas a Vera. Entonces la humana dice:
—Giina—, sí, con doble i. Eso es porque estoy pasándome un poco de travesuras. Después me alza, me abraza y me dice:
—¿Qué pasa, Ginita?—
y me deja suavemente arriba de uno de los almohadones.

Otras veces me dice:
—Gina, Gina, la osita, tan traviesa—.

A veces le pone música. Yo voy hasta donde está ella, cabeceo en sus pies y después me tiro al suelo. Entonces ella me hace cariños en mi cabeza.

Cuando la peleo a Vera, me dice en voz firme:
—Gina, ¿a vos te parece? ¿Por qué hacés eso?—
y ahí sé que me mandé una. Entonces corro, salto por arriba del sillón y me siento atrás de la puerta, y miro a la humana desde atrás del vidrio con mis grandes ojos verdes y cara de “lo siento, humana, te quiero”. Y ella se ríe y me dice:
—Ginita, no te escondas, te quiero, osita traviesa—.

Ahora me senté en la mesa, ojo, sin tocar los auriculares de la humana. Les quería contar las mil maneras en que me dicen Gina, siempre con amor, como deberían llamar a todos los gatitos.

Con el mismo amor que una humana que no conocen rescató dos gatitos hermosos y los llevó a un refugio. Después les vamos a contar de ella. Ahora les adelantamos que retomó sus estudios de veterinaria. ¡Iupiii! Cuando se reciba, vamos a ser sus pacientes gatunas.

Comentarios

  1. Lo leímos con Angie 🥰 nos encantó la historia. Gracias ☺️

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