Pero si somos un amor.

Hola, soy Vera, una gata carey.

Qué frío que hace. Nosotras estamos calentitas. Ojalá todos los gatos tengan un lugar tibio para dormir.

Estoy durmiendo al lado de Chuelita, que por ahora no vio ningún bichito y está tranquila.

Gina se metió adentro de una caja de tela que le gusta mucho. Tiene muchas letras escritas. Gina siempre está cerca de las letras y los libros. No los rompe, parece que los lee. No sé si de ahí se le ocurren tantas travesuras, aunque no creo que la humana lea libros sobre cómo hacer lío.

Gina es muy inteligente. Sabe desenganchar cosas del picaporte, abrir la bolsa de las croquetas y escarbar las macetas. Yo estoy aprendiendo mucho de ella. Ahora abro los cajones de la cocina, me paro en dos patas para alcanzar las pelotas de papel y también aprendí a hacer caminitos con el papel higiénico.

Lo que yo no hago es cazar bichitos como Chuela. Ella se sienta en el piso, arriba de la repisa o sobre la cómoda, mira fijo al aire y, con sus patas delanteras, atrapa mosquitos. ¡Mosquitos! Con lo chiquitos que son.

Algo que me hace reír es cuando Gina se sienta en un estante donde hay unas botas y se queda quietita, camuflada entre ellas. Eso sí, si quedó algún cinto colgando, trata de engancharse y hamacarse, pero como es pesada se cae adentro del cesto de la ropa sucia.

Ahora estamos durmiendo y soñando con nuevos juegos. Mientras tanto, la humana toma un té de mandarina que tiene un olor muy rico. Cada tanto se levanta y dice:

—Cómo duermen, picuchinas tan bonitas.

Y a los dos segundos de escuchar eso, ya estamos despiertas y corriendo por toda la casa. Pero sólo un rato… después volvemos a dormir con ella.


 

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