Vera: Mi caja de juguetes.
Hola, soy Vera, una gata carey.
Cuando viajé desde la Ciudad de Córdoba a la Ciudad de Buenos Aires, donde vivo ahora, el humano que vivía conmigo también llevó en la valija mi comida, mis platos, una manta que usaba allá y todos mis juguetes. El rascador no entraba, así que me compró uno nuevo.
Tengo una pelota de peluche amarilla con rayas marrones, del mismo color que la piel de los tigres. Cuando se mueve, hace ruido.
También hay una trenza hecha con cordones por el humano. Me gusta porque todavía tiene el olor de sus manos y entonces no lo extraño tanto.
Cuando yo era chiquita, como Chuelita, el humano jugaba conmigo usando croquetas. Agarraba una, la tiraba al aire y yo saltaba para atraparla.
Ahora, algunos días, busco una croqueta —una sola, para no hacer lío como Gina—, la llevo hasta donde está la humana, maúllo un poquito y ella se da cuenta de que quiero jugar como lo hacía con el humano que vivía conmigo en Córdoba.
Ella se para cerca de una repisa y empezamos a jugar. Algunas veces nos divertimos tanto que la humana se engancha con la repisa y tira unos muñecos al piso. Yo salgo corriendo, pero ella dice:
—Fui yo, fui yo.
Entonces acomoda los retratos, los libros… y seguimos jugando.
Ahora soy la más grande, pero me gusta jugar como cuando era chiquita, porque así me acuerdo del humano que vivía conmigo.
Aprovecho cuando Gina y Chuelita están dormidas para sacar mis juguetes, porque ellas son más chicas y creen que todo es para jugar, las medias, el sillón, los zapatos y todos los objetos de la casa y... también de la humana.
Igual, yo les presto mis juguetes.



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