Vladimir: estoy feliz

Hola, soy Vladimir, un gato naranja.

Estoy muy feliz. La humana que vive conmigo llegó después de estar unos días de viaje.

Cuando entró a casa, me subí enseguida a su valija. Tenía olor a Vera, Gina y Chuela Chela Valentina, mis amigas que viven en Buenos Aires.

Mientras la humana estaba de viaje, yo me fui unos días a la casa de sus padres. Me di algunos lujos.

Por las noches dormía en una silla que ahora es mi silla y, para que nadie se confunda, le dejé unas marcas con mis uñas. Por las mañanas, bien tempranito, despertaba al padre de la humana para que me abriera la puerta.

Mi casa es hermosa, y mi segunda casa también.

Aunque nada se compara con darme cuenta de que la humana que vive conmigo volvió.

Por las mañanas ella toma mates y yo tomo el sol que entra por la ventana. Por las noches me subo a su cama y, cuando llegó, le maullé para que me abriera la canilla de la pileta de la cocina y pudiera tomar el agua que sale de ahí.

A Chuelita le gusta atrapar esa agua. A mí me gusta tomarla.

También me gusta caminar hacia la humana con la cola bien en alto diciendo:

—Miau, miau.

Entonces ella me acaricia el lomo y me rasca detrás de las orejas. Eso me encanta.

Ahora, por las mañanas, la voy a despertar para salir a mis paseos matutinos. Pero a la siesta volveré para acurrucarme a su lado.

Eso sí, también voy a darme una vuelta por la casa de sus padres para comprobar que mi silla siga ahí.

La voy a reconocer enseguida por las marcas que le hice



 

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