¡Ay Gina!
Hola, soy Gina, una gata carey.
Hoy la humana salió con sus botas de nieve. Parece más alta cuando se las pone. Cuando vuelve, se las saca y las deja en un zapatero que está en la entrada. Yo juego un rato con una de las botas: me gusta meter la nariz y la cabeza adentro, y la llevo hasta el living. Es que, cuando la humana vuelve a casa, me da una alegría.
Alguien la llamó al celular y, mientras ella hablaba, yo me subí a la mesa de las plantas y quise comer un brote de chía. Son muy tiernos, pero la bandeja se cayó al piso y, con la bandeja, también toda la tierra.
Chuelita, como pasa siempre que encuentra tierra, arena o algo parecido, se puso a jugar a la milanesa. La humana no nos podía decir nada porque estaba hablando por teléfono.
No se enojó con nosotras, nunca lo hace. Sabe que somos gatas carey juguetonas. Jugamos con los almohadones, con los cordones y con las botas donde entra nuestra cabeza.
Simplemente nos miró y siguió hablando. Qué alivio.
Después de que jugamos un rato, juntó la tierra y volvió a armar la bandeja de semillitas. Ojalá crezcan pronto.
Traté de no dejar las marcas de mis patitas ni en el sillón ni en la mesa. Igual, me quedó un poco de tierra en la cola y, cuando la movía, se iba cayendo por el piso.
Chuelita se sacudió y, aunque hizo volar un poco de tierra, igual que yo no ensució el resto de la casa, que está muy linda.



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