Chuela, Chuelita pequeñita.

Hola, soy Chuela, una gata carey.

Hoy, cuando llegó la humana y abrió la puerta, salimos las tres al porche. Vera se estiraba sobre el piso, Gina aprovechaba para husmear la escalera y la puerta del ascensor.

Yo, en cambio, me paré en el porche y levanté mi colita para que la humana me hiciera mimos.

Fue un ratito, porque la humana piensa que algún ruido desconocido nos puede asustar y hacer que nos perdamos en el edificio.

Me imagino a la humana llamando a los bomberos y recorriendo todo el edificio con su bata peluda y calentita hasta encontrarnos.

Vera, que es la más grande de las tres, sale sola con la humana. Yo quiero hacer lo mismo, pero todavía soy chiquita, aunque sea la más alta de las tres.

Hoy nos portamos bien. No tiramos almohadones, ni macetas, ni arena.

Jugamos con las pelotitas. A veces las escondemos y después las encontramos para volver a jugar.

La humana busca debajo del sillón, atrás de la repisa, abajo de la cama y debajo de la mesada, pero solo nosotras sabemos dónde las dejamos.

A mí me gustan las pelotitas, pero más me gusta un autito rojo. Yo lo empujo con la patita. El otro día lo tiré debajo de la cama y la humana no lo podía alcanzar. Tuvo que traer el escobillón para recuperarlo y, junto con el autito, sacó un montón de pelos nuestros.

La que está muy saltarina es Vera. Deben ser las croquetas de pescado, que le dan más energía. Me gusta ver a Vera saltarina.

Yo también quiero ser como Gina, mi mamá, y como Vera. Pero hago muchas travesuras como Gina, así que mejor que Vera se parezca un poco más a nosotras y hagamos travesuras las tres.


 

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