Gina se sienta como un loro.

 

Hola, soy Vera, una gata carey.

Yo siempre digo que soy una gata carey, pero Chuelita se cree un sapo que anda cazando bichitos. Solo le falta una lengua larga, igual que la de los sapos.

Y Gina... esa sí que es tremenda. Se sentó arriba del módem como si fuera un loro o una equilibrista.

No sé cómo hace para mantener el equilibrio.

Nuestra mantita polar está al lado del módem, pero no tiene wifi. Nosotras tampoco tenemos computadoras ni celulares.

A las tres nos gusta subirnos al módem porque siempre está calentito, pero yo no puedo sentarme como hace Gina. Yo lo tiro de costado y me acuesto encima.

En la manta tengo mi lugar preferido: la punta que queda entre la pared y el radiador. Pero cuando me levanto para ir a comer, Gina se va a mi lugar. Entonces yo me subo al módem.

Aunque las tres nos subimos ahí, es el lugar favorito de Gina.

Cuando la humana sale de casa deja el radiador desenchufado por seguridad. Entonces sí, hacemos fila para subirnos al módem.

Ojalá no se nos pegue la señal de wifi y nos salga por las orejas.

El módem y la esquina de la manta son como la cama de la humana: las tres queremos dormir pegadas a ella.

Yo me acomodo sobre su falda, Gina se acuesta a su lado y Chuelita en sus pies.

No sé cómo hace la humana para dormir. Cada vez que se levanta, hace piruetas para salir de la cama sin despertarnos.

Después de estar tanto tiempo arriba del módem, creo que nos estamos convirtiendo en antenas de wifi.

Pero todavía no podemos transmitir.

Ahora me voy a la mantita antes de que llegue Gina.

Chuelita ya está en la otra punta, cerca del módem.

Y de Gina.

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