La hora de la cena.
Hola, soy Vera, una gata carey.
Hoy comimos pollito en sobresito. La humana lo abre y lo separa en partes iguales para las tres.
Es más rico que el que prepara ella.
Cada una tiene su plato, pero cuando el plato está en nuestra mesa comemos del plato que nos toca.
Chuelita comió rápido y, cuando terminó su plato, se vino al mío. Pero yo todavía no había terminado, así que le dije:
—Buf, buf.
Chuelita entendió y se fue al plato de Gina. Ella tampoco había terminado, pero la dejó comer de su plato.
Chuelita, además de hacer como los sapos que se comen los bichitos, también parece un barril sin fondo. Come de todo, por eso ha crecido tanto.
Es la más chica, pero también la más alta.
Ayer tuve suerte porque, después de cenar, acompañé a la humana a lavar los platos. Ella lava y yo me siento arriba de la cocina a mirar.
Cuando guardaba la comida, me dio unos pedacitos de carne que había cocinado al horno. Estaban súper ricos.
Seguro que Chuela también comió cuando yo estaba en el living, porque la humana nos mima a las tres por igual.
Va... no igual. Yo sigo siendo la reina de la casa.



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