Soy Patoco, un gato naranja.

Hola, soy Patoco, un gato naranja.

Vivo en la ciudad de Corrientes. Cuando hace frío, me subo arriba de la manta rayada blanca y negra, como las cebras, pero es una manta bien peludita y abrigada.

A la noche me acuesto a dormir con el humano con el que vivo. También vi a los veintidós humanos que corrían detrás de una pelota y me gustaría jugar con los amigos gatunos de Vera, Gina y Chuela.

Cuando el humano se va a trabajar, me gusta caminar por todos los lugares de la casa. También me gusta, como a Gina, treparme por la repisa y arriba del televisor, pero el humano se avivó y lo puso bien alto. Un día intenté treparme por el cable y me caí. Suerte que no se cayó el televisor y que el humano no estaba en la casa.

Otras veces me escondo adentro del ropero y escucho que el humano dice:

—Patoco, Patoco.

Pero yo no salgo hasta que escucho que abre la bolsa de las croquetas.

Cuando hay sol, que acá sale casi siempre, me gusta hacerme una siestita. Lo de ronronear lo hago cuando el humano llega a casa y me acaricia, y también cuando me estiro en el piso.

A veces le traigo unos regalitos que encuentro, como un cascarudo grande, pero el humano no los guarda. Voy a ver si encuentro uno bien grande, a lo mejor ese sí lo guarda.

En Corrientes hay un río que se llama Paraná. Pasa por toda la ciudad y es lindo. Pasan barcos muy grandes, pero yo no voy, prefiero quedarme en casa.

En la costanera, algunos humanos han construido casitas de madera para que los gatos que andan por ahí puedan dormir o refugiarse del frío. También les llevan croquetas y agua. Eso es muy lindo.

Por suerte, yo vivo en una casa con un humano que me cuida, y todas las noches leemos las historias de Vera, Gina y Chuela Chela Valentina.

Algún día vamos a organizar el juego de veintidós gatos corriendo detrás de una pelota. No sé dónde lo haremos.

¿Habrá un árbitro gatuno?


 

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