Vera, Veruchi, Veruchina.
Hola, soy Vera, una gata carey.
Desde que era pequeñita, como Chuela, yo vivía en Córdoba con el humano que me adoptó. Él se paraba en el living y yo, a unos metros, en la puerta de su habitación. Él me tiraba una croqueta y yo la atrapaba en el aire y me la comía, o corría detrás de ella hasta agarrarla y comerla.
También me hizo una trenza de hilo sisal, o algo parecido, y jugaba conmigo.
Él viajó a un país que queda muy lejos, donde hace frío. Yo me acuerdo de él, aunque a veces me hago la que no me acuerdo. Pero soy feliz cuando hace una videollamada y escucho su voz o lo veo.
Me alegra que sea muy feliz.
Antes de irse me trajo a la casa de la humana que vive conmigo. Trajo una valija con mis juguetes, mi alimento y mi manta, que ahora comparto con Gina y con Chuela.
Cuando llegamos acá me compró un rascador y la humana me esperaba con un arenero, una alfombrita y también me dejó lista la fuente de agua.
El humano le dijo todo lo que me gustaba y algunas cosas se las fui enseñando yo.
Ella no sabía que a mí me gustaba jugar con una croqueta, pero lo descubrió. Ella me conoce mucho.
Me compró unas pelotitas, pero las que más me gustan son las que hace con los papeles de las mentitas. Hace un bollito y lo tira. Algunos días lo tira alto y yo salto; otras veces lo tira lejos y yo salgo a buscarlo, aunque ahora a veces salen Gina o Chuela y me ganan atrapándolo.
Yo les hago:
—Fff, fff.
Antes se iban, ahora me tiran la pelotita, aunque todavía no armamos un equipo de pelota gatuna.
También me subo a los lugares altos, pero no tiro nada. Aunque la vez pasada tiré la tapa del termo.
Algún día voy a viajar con la humana a visitar al humano, aunque no sé cómo se portarán Gina y Chuela.
El humano eligió bien a la humana que vive conmigo, y la humana también me eligió a mí.
Ella dice que yo le abrí el corazón al mundo de los animales.
Espero que no se le ocurra traer más; con ella, Gina, Chuela y yo ya somos cuatro picuchinas.



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