Gina: Mi caramelo verdadero de juguete.
Hola, soy Gina, una gata carey.
Yo juego con una pelota que rebota, pero no hace ruido; otra pelota tejida que no rebota y es de color rosa. También muerdo los lápices y los tiro de la mesa al piso.
A veces estoy aburrida, entonces saco de un frasco que está en la entrada un caramelo redondo, envuelto en un papel dorado y marrón. Está buenísimo porque lo puedo agarrar de los bordes, tirarlo para arriba y agarrarlo en el aire de nuevo, pero eso sí, no me lo como.
Si fuera Chuelita, seguro se lo comería. Ella se come todo lo que encuentra: lo prueba y lo come. Pero no entiendo por qué se come los cordones, eso no tiene gusto a nada.
Por eso la humana no deja nada tirado.
Los caramelos nos hacen mal a la panza, así que yo juego con él, pero no me lo como.
Lo tiro abajo del sillón y lo empujo con mis patas bien lejos. Después voy corriendo, lo agarro de nuevo y lo tiro para arriba.
A veces digo:
—Gua, gua.
Despacito, no es un miau fuerte, y llevo el caramelo hasta donde está la humana para que lo tire lejos. Entonces yo salgo corriendo bien rápido. A veces va Vera, pero yo le gano. Va... algunas veces ella me gana, y eso que ella es la más grande.
La humana sabe que nos gusta jugar con los caramelos, entonces consiguió otro. Pero siempre vamos las dos detrás del mismo.
Ella nos dice:
—No se peleen.
Y tira uno para un lado y otro para el otro, pero las dos vamos al mismo.
Creo que las dos queremos que ella nos vea.
Otras veces lo escondo debajo de la biblioteca. Solo yo conozco ese escondite. Y el otro día encontré otro lugar: detrás de la puerta de la habitación. La humana no me ve cuando me escondo ahí... excepto cuando saco mi patita para empujar el caramelo.
Yo con mi caramelo, Vera con su caramelo y Chuelita... buscando qué comerse.



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