Gina: tengo masajes para mí sola.

Hola, soy Gina, una gata carey.

Ay, estoy tan relajada. Resulta que vino a casa la hermana de la humana y yo, con mis saltos, mis corridas y sacándole la mantita a Vera, conquisté su corazón.

Esa humana me hace unos masajes relajantes en el cuello y a mí me gustan mucho. Mueve los dedos sobre mi cuello, yo me relajo y ronroneo un poquito. No mucho, para que la humana que vive con nosotras no se ponga celosa.

La hermana de la humana me dice:

Hola, Ginita. ¿Qué hace Ginita?

Yo aprovecho que hay visitas para hacer de las mías. Eso sí, miro qué hay en su valija, pero con mucho cuidado para no engancharla con mis uñas. Lo mismo hago con sus pantalones y sus suéteres. Trato de no engancharlos para seguir teniendo mis masajes diarios.

A la noche, cuando se va a dormir, salto un poquito alrededor de ella. También le lamo la cabeza y, después, me acurruco a su lado. Ella es parte de nuestra manada.

Estos días me estoy portando bastante bien. El otro día, las dos humanas salieron y nos dejaron todo un día solas. Cuando regresaron, no habíamos tirado ningún almohadón ni ninguna maceta.

Eso sí, las tres esperamos a las humanas detrás de la puerta y, después de saludarlas, nos dieron nuestra comida de sobresito.

Estábamos muy contentas de que estuvieran de nuevo en casa.

Vera husmea en la cartera de la hermana de la humana. Chuela y yo la acompañamos mientras se baña.

A veces se confunde nuestros nombres, pero lo más lindo es que nos mima y, por supuesto, también mima a la humana que vive con nosotras. Es su hermana, como Vera, Chuela y yo... aunque ellas, hasta ahora, no se corren por la casa ni se pelean por la manta para dormir.


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