!Una caja!

Hola, soy Vera, una gata carey.

Hoy llegó una caja para la humana. Lo que estaba adentro era para ella, pero la caja... la caja con olor a cartón, con los bordes justos para pasar nuestra cara, del tamaño perfecto para que nos metamos. Bueno, de a una, porque las tres juntas no entramos.

La primera que se metió fue Gina. Entraba justo, pero yo no tenía cinta para embalarla y enviarla en un pedido.

Mientras ella estaba adentro, Chuela y yo pasábamos nuestra cara por los bordes de la tapa, que parecían dos orejas gigantes y cuadradas.

Después, Chuela hizo salir a Gina y se metió ella. Como Chuelita es alta, asomaba la cabeza por la caja. Después salió y empezó a empujarla con la cabeza.

Cuando ellas se fueron a dormir la siesta, yo me metí adentro de la caja. Tiene un olor rico y es justo de mi tamaño.

La estaba disfrutando, pero Chuelita escuchó que yo estaba ahí y vino a hacer fila para esperar a que saliera y entrar ella de nuevo.

Mientras yo estaba adentro, Chuelita subía y bajaba una de las tapas de cartón. Después se puso en la entrada de la caja y me tiraba sus patitas para que saliera.

No salí.

Chuelita se paró en dos patas. La caja es fuerte, pero no tanto como para aguantar el peso de Chuelita, así que salí... y enseguida entró ella.

Entonces me paré al lado y empujé la caja con la cabeza. Chuela salió saltando de la caja al rascador y yo aproveché para volver a entrar.

Es mejor que una caja de zapatos, mejor que una pelota, hasta mejor que el caramelo de Gina.

Si Batata viene a visitarnos, se la vamos a prestar. A él también le gustan las cajas.

Lo que no sé es por qué la humana no se metió en la caja. Parece que a ella no le gustan.

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