Gina: Me tocó la pipeta.
Hola, soy Gina, una gata carey.
Soy una Gina muy versátil. Me gusta escarbar la tierra de las plantas, mirar las estrellas en el balcón y también me gustan los libros. A veces soy una Gina intelectual.
Y otras veces... soy alcanzada por la pipeta desparasitante.
Estaba sentada en la mesa, la humana se acercó, me acarició la cabeza y, de pronto, sacó la pipeta del bolsillo y la puso detrás de mi cabeza para que no pueda lamerme.
No me ofendí. No me gusta el olor del desparasitante, pero me hace bien. La humana, después de ponerme el desparasitante, se siente un poco culpable y me da más pollito.
No quiero decir nada, pero si a Chuela ya le pusieron su pipeta, a mí me pusieron la segunda pipeta y queda una. Esa le toca a Vera.
Le voy a decir que se esconda debajo de la cama, en el medio. La humana no llega ni con el escobillón hasta allí.
Después de recibir el desparasitante, me quedó un olor raro. Chuelita se iba lejos; Vera, no. Vera siempre se va lejos de donde yo estoy porque nos tiramos patitas.
Los libros tienen rico olor y también puedo correr y saltarlos. La humana, en cambio, se sienta, pone un libro sobre la mesa, lo abre y está horas sentada frente al libro. Es más divertido saltarlos, no entiendo qué hace la humana.
Tampoco sé por qué compró tres pipetas y no cuatro. ¿Ella se la pondrá en la veterinaria? Porque nosotras no sabemos.



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