Parece que la ropa está seca.

 

Hola, soy Vera, una gata carey.

Gina se subió al tender para revisar la ropa. No toda estaba seca: las camisas y los buzos sí, pero los repasadores y el jean no.

Detrás de Gina se subió Chuelita, y Gina le mordía las patitas traseras para que se bajara porque, mientras caminaban las dos, el tender temblaba.

Yo aproveché para jugar en el rascador y las miraba desde ahí mientras me tiraba panza arriba.

La humana hoy se fue a la plaza. Ella nos contó que había un picuchino chiquitito de color negro con ojos celestes. Sus humanos lo llevaron a pasear.

Nosotras no vamos. La humana intentó llevarnos, pero no nos gusta ir en el transportador. Preferimos quedarnos acá a correr, tirar cosas y tomar sol. Para eso nos subimos arriba del escritorio que está en el balcón.

En la plaza van los humanos con los perros. Hoy estaba Rayo, un perro negro al que le gusta jugar y saludar a todos los que están en la plaza.

También estaba Chase. Es un golden beige al que le gusta robarse las carteras y las bolsas de mate. Es tan simpático que nadie se enoja.

También estaban Bruna y Frida. Ellas viven juntas y corren por toda la plaza, hasta que su humana las llama y se sientan al lado de ella.

Como hacía calor, los humanos llevan agua y un bol para que los perros tomen.

Rayo se acercó hasta el picuchino negro. Le ladraba porque quería jugar, pero el picuchino se asustó. Entonces la humana de Rayo lo fue a buscar y les pidió disculpas a los humanos que viven con el picuchino.

Con esas cosas que nos cuenta la humana, tal vez un día nos acomodemos en el transportador y vayamos.

A lo mejor la humana busca un carrito y vamos más cómodas.

Y bueno, es domingo, y después de revisar la ropa, la humana nos dio pollito. Pero eran albóndigas de pollito hechas por ella.

Eso fue antes de tirar la plancha.



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