Un lugar para esconderse. Gatoescondite

Hola, soy Gina, una gata carey.

Estaba un poco aburrida, dando vueltas por la casa: living, macetas, almohadones, antena de internet, la ventana.

Volví a la cocina. La cocina es más pequeña que otros lugares de la casa. Ahí están los estantes donde está el horno eléctrico y el canasto de batatas, papas, zanahorias y cebollas.

¡Cómo le gusta comer batatas a la humana!

Asadas, al horno, hervidas... las mil formas de cocinar batatas. No sé por qué no hace las mil formas de cocinar pollito.

Dando vueltas por la cocina, vi un lugar por el que nunca había pasado: la heladera. Arriba de la heladera, porque debajo no entro y Vera y Chuelita tampoco.

Pero al lado de la heladera hay una escalera de madera plegable. Ahí puedo afilarme las uñas, eso lo aprendí de Vera, y también, de a una, nos podemos trepar.

Pero hasta ahora ninguna fue detrás de la heladera.

Yo sí.

Descubrí que, si entro por el lado de la escalera, puedo dar la vuelta y salir por el lado de una caja de cartón que la humana no nos deja arañar.

Estuve un rato ahí.

¡Qué buen lugar para esconderse! La humana no me encontrará.

La humana no me encontrará.

La humana me encontró en un abrir y cerrar de ojos y, bueno, me invitó a salir e ir a jugar al living.

También se aseguró de que no volviera detrás de la heladera. Es peligroso porque están, no sé si los cables o algo así.

Creo que me encontró porque Vera me siguió y Chuelita también. No sé por qué no se quedaron vigilando que no viniera la humana.

Fue un buen escondite.

Por unos gatominutos. 🐱

 

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