Vera y su triángulo ratón.

 

Hola, soy Vera, una gata carey.

Hoy aproveché, mientras Gina y Chuelita estaban durmiendo, y me puse a correr por toda la casa.

Me metí adentro de la caja de cartón, pero una tapa se movió, me asusté y salí corriendo hasta la puerta. Ya parecía Gina.

También jugué con una pelotita hecha de papel. La agarraba con la boca, después con mi patita la empujaba y la escondía.

Encontré mi ratón de diseño, que me regaló el humano que vivía conmigo. Él sabe mucho de diseño y me regaló un ratón que es un triángulo de paño amarillo con una cola. Creo que es diseño abstracto.

Hace mucho tiempo que no juego con él y con el ratón amarillo.

Me gusta jugar con el ratón abstracto. Todavía tiene el olor del humano que vivía conmigo y, cuando lo extraño, juego con lo que él me regaló.

Me estiré en el sillón, después me hice un bollito, pero no solté el ratón.

Por suerte pude hacer muchas cosas mientras las picuchinas traviesas dormían. Yo soy una picuchina juguetona y la más grande de las tres. Trato de darles el ejemplo, pero Gina y Chuela hacen lo que quieren. Me gusta eso.

Lo bueno es que, como estaban durmiendo, no me quitaron el ratón, ni la caja, ni la pelota de papel.

También pude disfrutar de mimos exclusivos. Hasta me tiré panza arriba en el rascador cama de cartón.

Pasa que Gina y Chuelita se ponen a correr después de las siete de la tarde. Por suerte, ahora duermen a la misma hora que la humana y yo.

Cuando recién llegaron, corrían hasta las dos de la mañana. Yo ya creía que iba a ser siempre así.

Y cuando yo iba al arenero, Gina me corría. ¡Qué momentos aquellos! La humana se levantaba a la madrugada para que nos conociéramos mejor. Se pasaba por el cuello el peluche de Gina, se lo acercaba a Gina, después a Chuela y, por último, a mí. Gina y yo hacíamos:

—Jjjjjj, jjjjjj.

Y la humana, agotada.

Ahora las cuatro estamos en la misma sintonía, aunque la humana no hace todo como nosotras.




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