¡Ay Chuelita! ❤️


 Hola, soy Vera, una gata carey.

La historia de hoy es muy tierna.

Resulta que cuando Chuelita llegó de la veterinaria, Gina no la reconoció por los olores. Eran extraños para Gina.

Pero Chuelita, aunque es la más pequeña de la casa, es la más tierna. Ella no dejó de buscar a Gina desde el miércoles.

El viernes, mientras Gina dormía, se acostó al lado, casi arriba de Gina, y Gina no le gruñó.

¡Qué felicidad! El equilibrio volvió a nuestra casa.

Ahora yo corro a Chuelita, Gina me corre a mí, y Chuelita y Gina volvieron a colgarse del tender.

Pero Chuelita, durante estos días, nunca le gruñó a Gina. Simplemente se venía conmigo y dormía a mi lado, más bien pegada a mí.

Yo le lamía la cabeza y la cara porque me di cuenta de que extrañaba los mimos de Gina.

Gina también extrañaba a Chuela. Nos dimos cuenta de que la reconoció cuando empezó a jugar con su ratón, o lo que queda de su ratón.

Yo estuve jugando con la tira para hacer rulos, pero no me pude hacer rulos como tiene la humana.

A veces me gustaría tener rulos como ella, así como ella a veces se viste con los mismos colores que tenemos las gatas carey.

Cuando Gina la reconoció y dejó de gruñirle, las dos le lamimos la cara: un rato yo y otro rato Gina.

Chuelita, feliz. La mimamos las dos.

Ahora, entre las tres, nos peleamos por estar más cerca de la estufa.

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