Revisamos tapizados.
Hola, soy Vera, una gata carey.
La humana le puso una funda muy linda, de color beige, como algunas de nuestras partes del cuerpo, a la silla negra. Ahora la silla se parece a nosotras.
Con Chuelita fuimos a ver cómo se sentía.
Es calentita para hacerse un bollito. Lo único es que nuestras uñitas no se enganchan mucho, y eso no está muy bien.
A Gina, a Chuelita y a mí nos gusta subirnos a la silla, pararnos en dos patas y rascuñar el respaldo, pero cuando escuchamos los pasos de la humana, o salimos corriendo o bien nos lamemos las patitas para disimular.
Ahora nos turnamos para subirnos. Si Gina está arriba de la silla, yo me paro en dos patas y le agarro la cola. Cuando ella salta de la silla, yo me subo, pero a Chuelita no le gusta esperar mucho y se sube conmigo.
Eso sí, si nos peleamos, la humana saca el rociador de agua y nos rocía la cara para que no peleemos.
Cuando nos caen las gotitas de agua, sacudimos la cabeza y las orejas.
A la humana no le gusta que nos peleemos, pero a veces Gina me saca toda la paciencia y también me saca de mis lugares favoritos.
Por suerte, como hace frío, hoy dormimos todas juntas sin pelearnos.
La humana ronronea como Chuelita, pero no se da cuenta.



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