Si somos unas angelgatitas.
Hola, soy Vera, una gata carey.
La humana llegó de trabajar y nos vio a las tres juntas en la cama. Nos saludó. Gina y Chuela apenas abrieron los ojos, pero las orejitas se movían como satélites, escuchando lo que ella decía.
—Picuchinas, ¿qué hicieron hoy?
No había macetas tiradas, no había tierra en el piso.
Cuando se sentó a tomar el té, vio una bola de pelos de nuestros colores.
Ahí empezó a sospechar.
Si no tiramos macetas, no tiramos los almohadones, no cambiamos de lugar los rascadores… Mmm, estábamos demasiado tranquilas. Pero esa bola de pelo dejaba en claro que algo habíamos estado haciendo.
Pasa que hoy Gina estaba jugando con su ratón, yo estaba hecha un bollito al lado de la estufa y Chuelita estaba empujando su autito.
Gina tiró el ratoncito arriba mío y, cuando vino a buscarlo, yo creí que quería acostarse donde yo estaba y le tiré una patita.
Chuela vino creyendo que estábamos peleando.
Eso no.
Se armó un lío de seis patas. Chuela me tiró una patita y yo a Chuela, Gina me enganchó con sus uñas y yo a Chuela. Estábamos las tres rodando por el piso.
No sé en qué momento, una pata, no sé de quién, se quedó con el manojo de pelos.
Ahí nos miramos las tres.
Yo volví a hacerme un bollito, Chuela fue detrás de su autito rojo y Gina se llevó su ratón.
Nos olvidamos de esconder la bola de pelos.
Cuando escuchamos el ascensor, nos fuimos a la cama y nos dormimos.
Pero la humana nos dio un sermón por esos pelos.
Mientras ella nos decía que no nos peleáramos, nosotras nos limpiábamos las patitas y la mirábamos.
Pensamos que nos estaba diciendo que nos traía el pollito.
No nos peleamos. Jugamos y, a veces, se me enganchan los pelos de Gina en mis uñas.



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