Tenemos un problema.
Hola, soy Vera, una gata carey.
Resulta que Gina y Chuelita estaban tosiendo. La humana intentó llevar a Gina al doctor de picuchinos y picuchinas, pero Gina se asustó y la humana volvió.
Pasaron unos días y la llevó a Chuelita. Ella se subió al bolso transportador, maullaba como cantante de ópera, pero la humana siguió y llegó a la veterinaria.
El doctor era muy bueno, la atendió muy bien a Chuelita y ella se portó bien, aunque estaba asustada. Le escuchó la respiración, la palpó y dijo que estaba bien, que podía ser una alergia.
La consulta no terminó ahí. Le pusieron la vacuna antirrábica, Chuelita no lloró y también le cortaron las uñas.
El doctor le decía «linda». No sé si a ella o a la humana.
Tiene su certificado que dice Chuela Chela Valentina. ¡Mirá vos!
Chuelita es muy valiente. Está bien ese nombre para ella.
Cuando llegó a casa, la humana apoyó el bolso transportador sobre el sillón, lo abrió y Chuelita salió de lo más tranquila.
El problema es que llegó con olor al doctor y a los picuchinos que estuvieron en el consultorio. Gina no la puede reconocer y le gruñe.
Chuelita no entiende nada. Ayer se quiso ir a dormir con Gina y ella no la dejó. Durmió en el pie de cama.
Por suerte, la humana le puso la frazada blanca peludita. Esa es la frazada de mimitos y Chuelita durmió ahí.
Gina sigue sin reconocerla, pero creo que en un día van a estar juntas, durmiendo como dos bollitos.
Es una situación que se tiene que resolver para que volvamos a dormir las cuatro juntas.
Y bueno, las próximas somos Gina y yo.
¡Qué estrés!
No sé por qué nosotras vamos al doctor en un bolso transportador y la humana va caminando.



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