Vera picarona.
Hola, soy Vera, una gata carey.
¡Qué lindo es tirarme en el rascador-cama después de pasarle las uñas y desparramar muchos papelitos que saltan para todos lados cuando me relajo pasando mis uñas por ahí!
Hoy tenía ganas de saltar y correr por toda la casa, pero la humana no podía jugar conmigo.
Después de maullar al lado de su silla y que ella siguiera con sus cosas, di un salto muy alto y toqué la pared sin dejar ninguna marca de mis patas.
La humana seguía con sus cosas.
Me subí a la mesa, tiré la caja de lápices y lapiceras. La humana seguía con sus cosas. Empecé a empujar la botella de agua, pero con eso no se juega, así que tiré la tapa de la botella de agua y la cuchara de la miel.
La humana seguía con sus cosas.
Pero cuando se levantó de la silla y caminó, la pantufla se le quedó pegada en el piso. Ahí me fui caminando agachada para otro lado.
Encontré la tira de goma de Gina, la subí al sillón, la escondí detrás de los almohadones y también revolví la manta que está en el sillón.
Cuando la humana se preparó la merienda, yo me subí a la mesada, como hago siempre.
Gina y Chuelita estaban durmiendo. La humana caminó sin hacer ruido hasta la heladera y me sirvió pollito en un platito. Me lo dejó en la mesada y yo comí tranquila.
Chuela se llegó hasta la cocina. Olía que había algo en algún lado, pero no me vio.
Aunque Chuelita no me vio, yo le dejé pollito a ella, que le gusta. Bah, a ella le gusta todo.
Aunque Chuelita está grande, es la más pequeña y me gusta mimarla. Ella también lo hace conmigo.
Cuando no me corre, o yo a ella.
Anoche la humana nos dijo:
—A ver si se tranquilizan.
Nosotras estábamos tranquilas. Solo estábamos jugando a las gatas boxeadoras.
Y bueno, nos tranquilizamos, todas acurrucadas arriba de la humana.



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