En la silla de la humana.
Hola, soy Vera, una gata carey.
Mientras la humana prepara nuestra comida, que no es jamón —¡ay, se nos hace agua la boca de solo pensarlo!—, nos sentamos en la silla de la humana.
Yo tuve que subir a la mesa porque primero vino Gina y después Chuelita, pero ya no entramos las tres.
¡Somos grandes!
Gina se estira y Chuelita se acomoda como cuando era bebé, Chuela. Le quedan las patas colgando de un lado de la silla.
Yo me subo a la mesa y le tiro patitas a la cabezota de Gina.
Como la silla tiene rueditas, la empujamos y queda en la mitad del pasillo.
Otras veces, Gina hace equilibrio, se sube al borde del respaldo y se queda dura porque, si se mueve un poquito, se cae encima de la humana o de Chuelita.
Después de estar empujando la caja grande todo el día y de comer su puré de hígado, que les encanta, volvieron a la silla.
A mí no me gusta el hígado, pero, como soy la Veruchina, me dieron un sobrecito.
Para Gina y Chuela, el hígado es más rico que el sobrecito.
Cuando la humana no está, nos subimos a la silla, al sillón… Tenemos para elegir. En realidad, cuando la humana está, igual nos subimos a la silla. Y bueno, ¡la humana tiene muchas sillas!
Hoy no hemos tirado plantas ni sillones.
Mañana sí.



JAJAJAJAJAJAJ ESAS CHICAS,TODO UN CASO.
ResponderEliminargracias por tu comentario! nos alegra que te rías con nuestras aventuras.
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