La larga espera...del pollito.

 

Hola, soy Vera, una gata carey.

En nuestra casa pasan cosas. Cuando la humana prepara el pollito, Gina hace guardia sobre la mesa que está enfrente de la hornalla.

Se queda hipnotizada, tanto que no hay maceta que la haga salir de ahí.

Espera a que la humana apague la hornalla y a que todo se enfríe. Aunque Gina y Chuelita tienen una gran habilidad para agarrar los huesos con carne y salir corriendo, por eso la humana lleva la fuente a la mesa del living y la cuida como si fuera la centinela del pollo.

A la humana le encanta vernos comer, pero nos cuida porque podemos tragarnos un hueso y nos puede hacer mal.

Cuando el pollito se enfría, la humana lo corta bien chiquito porque Chuelita come muy rápido. Lo hace desde que era más chiquita que un zapato.

Otras veces, la humana pasa el pollito por la trituradora y queda como un puré. ¡Nos gusta mucho!

Y sí, la humana nos prepara pollito y croquetas ricas y sanas. Nos tapa cuando hace frío, nos toca las orejas para ver si estamos bien y nos acaricia. Nosotras ronroneamos… ¡Ay, sí, cómo ronroneamos cuando la humana está con nosotras!

Y bueno, también, mientras Gina espera el pollito, juega con la bolsa de paltas. Pero cuando nos sirven los platitos, vamos las tres corriendo en fila detrás de la humana. Parecemos una fila de elefantes.

Creo que es la única vez del día que vamos rápido, pero ordenadas.

¡Es larga la espera! Pero, cuando comemos, la espera valió la pena. La humana nos mira y sonríe, pero en ese momento nosotras solo miramos el plato.



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