Las plantas se miran. Miau

Hola, soy Vera, una gata carey.

Recibimos un regalo hermoso: tres plantas bien verdes. Nos las regaló nuestro amigo humano. Nosotras les dimos las macetas con tierra y él nos trajo unas plantas con hojas bien verdes.

Bueno, se las regalaron a la humana, pero como toda cosa nueva que entra a la casa, Gina, Chuelita y yo vamos detrás.

Cuando se hizo la tarde, la humana entró las macetas de a una. Ni bien puso la primera sobre la mesa, nos subimos Chuelita, Gina y yo.

La humana estaba equipada con el rociador de agua y, cuando alguna de nuestras patitas quería entrar en la maceta, nos tiraba agua con el rociador y salíamos corriendo. Gina para un lado, Chuela para otro y yo para otro.

Entró la segunda maceta y la puso cerca de la ventana. Tenía la planta y unos pastitos. Yo los vi primero, entonces me subí a la silla y, con mucho cuidado, como si tuviera el pico de una cigüeña, extraje una hojita de pasto.

Estaba muy rico.

Eran unas hojitas finitas y largas. La humana me ayudó, eso sí: si tocaba una hoja de la planta, me caían unas gotitas de agua.

Chuelita se puso debajo de la silla donde yo estaba y saltaba para quitarme las hojitas de pasto. Yo le tiré algunas, pero no la dejé subir a la maceta, porque Chuelita es chiquita y podía tirar todo.

Después entró la tercera maceta. Esa no tenía pastito y, bueno, la miramos nomás.

Mientras no las toquemos.

La humana, durante un buen rato, andaba como si fuera nuestra guardaespaldas de las plantas.

Después nos empezó a tirar el globo amarillo relleno de agua para jugar.

¡Cómo salta esa pelota!

La casa quedó hermosa. Igual, por las dudas, repetimos:

—Las plantas se miran.

Excepto por Gina, que escarba la tierra.



 

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