Mi siesta al sol.


 Hola, soy Vera, una gata carey.

Llegó el tiempo de estirarnos al sol. Yo voy cambiando del rascador hasta la alfombrita amalfitana. Me estiro muuuucho, muuucho. Por suerte, hay bastante espacio en el balcón y compartimos el lugar.

Gina se sube al escritorio y se asoma por la ventana. Hoy la pescaron infraganti y le sacaron una foto. Creo que trata de ver si aparece su amiga, la paloma.

Se asoma a través de la red que cuida a los picuchinos y las picuchinas.

Después de comer unas croquetas, nos sentamos y nos limpiamos la cara con nuestras patitas. Gina y Chuela empujan la caja grande con sus cabezas y se meten adentro. A Gina le gusta apoyar la cara en el borde de la caja y Chuelita se acuesta casi encima de ella.

Yo prefiero la alfombra. Tiene lindos colores y, como el sol empieza dando ahí, es el espacio más calentito del balcón.

Por suerte, Gina no se dio cuenta y no se quiere venir a donde estoy.

Hacemos una linda siesta y, cuando ya tomé suficiente sol, me voy hasta el almohadón azul peludo y me hago un rollito.

Gina y Chuelita se van a la cama de la humana y hacen una siesta larga, aunque Chuelita se duerme un poco más tarde porque antes se pone a cazar bichitos.

Y sí, disfrutamos del sol. ¡Si está la humana, mucho mejor!

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