Chuela Chela Valentina

 


Yo soy Chuela Chela Valentina, una gatita carey. La historia de mi nombre ya la saben, se las contó Vera.

Hoy jugué con un autito rojo que tengo. Lo empujo con la patita y sale andando. A veces me escondo abajo del sillón y lo empujo desde ahí sin que nadie me vea. La humana que vive con nosotras cree que son fantasmas y dice:

—Fantasma del sillón, fantasma del sillón.

Pero ella sabe que soy yo.

También me gusta esconderme detrás de una maceta grande y, cuando Vera pasa, salto encima de ella. No le gusta nada. Me hace buf buf. Pero sé que no se enoja.

Después se va y vuelve corriendo a buscarme. Pero yo soy ágil y me voy corriendo arriba del escritorio. De ahí salto a la mesa ratona, después al sillón y después a la biblioteca.

Hoy no tiré nada.

Me encantan las cintas, los cordones y los hilos. La humana los esconde porque una vez me tragué un cordón y me lo tuvieron que sacar.

Antes de dormir hago un maullido que suena “gue gue” y la humana ya sabe que busco mimos. Porque, bueno, yo soy la más pequeña de la casa.

Cuando volvía de mi arenero, que está en el lavadero, vi esas cintas colgadas en la pared. No las había visto antes. Pero no llegaba.

Salté varias veces mientras la humana trabajaba y no me veía.

Entonces vi ese estante donde hay anteojos, tickets de las compras, algún tornillo, una lapicera y los auriculares del celular. La humana cree que no los vi, pero sí. Los compró hace poco porque los rojos que tenía antes los mordió Gina y ya no funcionan.

Bueno, el tema es que me subí al estante. Y en dos patitas llegaba perfecto. Porque soy la más chiquita de la casa, pero mis patas han crecido y soy más alta que Gina y Vera.

Eso es porque yo como pollito, huevo, croquetas, comidita húmeda, zanahorias hervidas, calabaza con pollito. Yo pruebo todo.

Justo cuando alcancé el solcito más chico y logré desengancharlo de la cinta, la humana —como si tuviera ojos en la espalda— se dio vuelta y me dijo:

—¿Qué hace Chueli?

Ahí me bajé. Hice como Gina, que se tira a sus pies. Le pedí mimitos y un par de piruetas más.

Voy a intentar mañana cuando ella vaya a trabajar. Tendré ocho horas para descolgar la cinta.

Creo que la humana prefiere eso a que le tire la tierra de las macetas o juegue a la milanesa en el arenero.

Mi deseo de hoy es que todos los gatos que necesiten se crucen con el Hada Madrina de los Gatos, para que puedan ser felices jugando como yo.





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